Pasa, toma asiento.
Te ofrezco el café o té de tu preferencia, si quieres licor tengo un alijo escondido entre las sábanas.

No te asustes, no corras. Sólo quiero algo de compañía.
Ven, hablaremos sobre lo que pienso de la vida, sobre lo que sientes al respirar y el dolor para dormir.
Te estaba esperando desde hace mucho tiempo.



Notturno sulla morte

Notturno sulla morte
Blekotakra (http://blekotakra.deviantart.com) estaba detrás del lente.

lunes, 12 de julio de 2010

Моят пианист

Calla, no preguntes más. Mi corazón estalla de felicidad.
Hay fallas, eso lo sé, pero no puedo evitarlo, no quiero dejarte de amar.
En la oscuridad de la noche contigo me quiero encontrar. Bajo el cobijo de nuestra luna, amarnos sin cesar.
¿Para qué esperar si el tiempo es sólo una medida más?... Este sentimiento no tiene medidas, eso lo puedo asegurar.
No quiero descifrar tu mente, ni develar los misterios: Quiero sentirte verdadero, amarte sin condiciones. No necesito ataduras, no necesito compromisos; busco el sentimiento y nada más, busco poder amarte sin parar.
Compréndelo amigo músico: ni tus notas lo pueden expresar; esto es más grande que cualquier composición y ni nuestras mentes lo podrán abarcar. Limitémonos a sentir y amar, limitémonos a buscar una manera más de satisfacer esta hermosa necesidad.


Caminaba callado, con la pequeña carpeta bajo el brazo. Silvaba bajo, unas notas suaves que revelaban soledad, ansiedad...
Aceleró el ritmo de su caminar cuando pasó por el callejón de piedra: nunca le había gustado ese lugar, era demasiado lóbrego, demasiado oscuro y misterioso para él.
Saltó varios charquitos de agua, aún se sentía el rumor de lluvia en el viento y el frío que dejó la brisa a su paso se le caló en los huesos. Faltaban pocas cuadras para llegar a su destino: ¡Maldita la hora en que aceptó ir!
Saltó otro chaco de agua y dió un paso en falso. Cayó cuán largo era desperdigando el valioso contenido de su pequeña carpeta y todos sus papeles, que segundos antes estaban celosamente guardados, nadaban en un charquito y pocos se conservaban secos. Se sentó con rabia y revisó con cuidado cada una de sus partituras. Tomó las más importantes y garabateó en sus manos lo que antes solía estar en el papel que se deshacía en sus helados dedos.
Se levantó, molesto y caminó rapidamente. Se sentía mal, se sentía con ganas de llorar pero contuvo esos deseos.
Paró al llegar a una puerta de madera vieja. El picaporte estaba sin llave y penetró en la casa. Pocamente iluminada, con dos velas indicando el camino hacia las escaleras, estaba la pequeña sala donde se veían un caballete y unos cuantos lápices. Subió lentamente, midiendo sus pasos y evitando hacer ruido.
Al final del pasillo, la puerta azul semiabierta le daba la bienvenida y dejaba ver una chimenea con una pequeña hoguera encendida en su interior. Sonrió para sus adentros y caminó mas lento de lo que ya lo había hecho: no podía permitir que "la bestia" se levantara y supiera de su presencia: Sería fatal.
Movió un poco la puerta y alcanzó a verla: Allí estaba ella: Dormitaba y su respiración era tan suave que le apaciguó los fuegos que hacía rato quemaban su interior y encendió uno, pequeño y hermoso que invadió todo su cuerpo de una ternura incontenible. Por mas que maldiciese y se dijera mil veces que no quería volver a ese lugar, ir a escondidas y tener que hacer el silencio mas sepulcral para poder estar en paz con su amada siempre se vería recompenzado con esto: La alegría de tenerla cerca y poder besarle sus labios, aquellos que antes se le hacían tan lejanos.
Entró a la habitación, buscó unos cuantos papeles para poder pasar lo que minutos antes había escrito en sus manos y al terminar se recostó bajo las suves cobijas con la pequeña muchacha que le abría su lecho para dormir. La besó y fué feliz, una noche como pocas, que esperaba que fueran muchas, cobijado al lado de la mujer que anhelaba y disfrutando de su olor.
Y así se fué la noche, la suave y dulce noche, entre besos y caricias, palabras con amor dichas y sueños compartidos.
-Te amo- Fue lo último que dijo antes de partir, cuando los primeros albores dieron paso al nuevo día. Pasó parsimoniosamente la casa, salió a la calle y caminó.
Caminaba callado, con la pequeña carpeta bajo el brazo. Silvaba bajo, una canción alegre para comenzar el día. Era feliz: Ya la había visto.

El artista, la bailarina.


Amigo Wilson: Es todo tuyo; te dije que al hablar lo inspiraste y aquí está, el resultado de tu originalidad.
Escondido tras capas de pintura, una pantalla oculta su rostro entristecido. La luna ilumina sus mil soledades con sabor a noches eternas, mientras plasma sus lágrimas en un papel raído por el uso...
Su camino, alejado de el de todos; olvidado por mucho, recordado por aquellos que lo necesitan...
Pasaba sus dias y noches viviendo una vida que no era suya: fingiendo sonrisas, sosteniendo la mascarada. Juzgado por ser diferente, juzgado por amar distinto que otros... Y así, moría lentamente este pintor: moría en vida mientras el lápiz delineaba sus sentimientos oscuros, moría lentamente con el corazón vacío, con el corazón roto...
Noche a noche se preguntaba mientras deambulaba por los bosques de cemento si en algún momento el sol iluminaría su camino, o las nubes seguirían ocultando la luz de la luna que lo acompañaba en su accidentado caminar. Cierta noche mientras caminaba, el artista se encontró con un alma tan sombría como la suya, opacada por el dolor de pretender ser quien no se es... Él y ella, se encontraron, se miraron e inmediatamente lo supieron: Sus almas eran gemelas, distanciadas pero idénticas. Dos piezas de rompecabezas distintos que encajaron perfectas, la una moldeada para la otra... Pero algo en ella había que no encajaba en el rompecabezas del artista. Ella no era de ese mundo, no pertenecía a esa vida, a esa imagen sin completar. Ella era distinta a todos...
Decepcionado el artista comprendió que ella no era tan igual, tenían diferencias... ¡Pero cuánto la amaba!. Rogó a los cielos, suplicó a los dioses y se postró frente a su amada para que le permitiera ser como ella.
Su amada bailarina besó sus labios mientras mordía suavemente, hasta sacar una perla escarlata, hasta hacerlo sangrar y dejar el veneno en él...
Desde entonces,cada luna creciente al mes, su rostro, grisáceo por la soledad, se surca con una sonrisa y su corazón se invade de alegría: Él lo sabe, ella también; Es el día en que se verán y sus oscuras piezas encajarán en el rompecabezas que nunca pudieron acabar.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Entes

Caminando por un bosque en los linderos de la ciudad, sumergiéndome en un lugar rebosante de vida e historias pienso. Las hadas juegan con mi cabello y lo trenzan con magia, los árboles me acogen tiernamente entre sus raíces y me permiten dormitar en ellos. A la lejanía los druidas invocan desconocidas fuerzas y sonrío para mi interior, pensando en qué locura estarán planeando los duendes y elfos presentes en esta porción del mundo. Y pienso, divago, imagino, recuerdo, medito, reflexiono y me hundo en un mar de confusos pensamientos, en el mar de mi mente.
Tomo un poco de tierra y la deslizo entre mis dedos mientras recito una oración, recuerdo a mi ángel de la tierra, aquel que me baja a la realidad y me mantiene cuerda. Mi ángel de la tierra siempre susurrándome al oído que debo hacer y dándome concejo aunque no lo pida: él sabe cuando lo necesito. Sonrío y en mi interior le agradezco por todos aquellos momentos en los que me ha ayudado.
Continúo recordando a mi ángel, cómo batalló casi a muerte a mi lado contra el demonio que me oprimía, contra el secuestro infame y doloroso del que era víctima. Aunque aún lo soy de un modo u otro. Recuerdo también cómo ese demonio antes solía ser mi ángel de la vida, y como imitando a un perfecto Satán cambió totalmente y se convirtió en aquella causa que día a día me hace penar. Pero aunque no sea creíble los ángeles o demonios tienen trastornos, y este tenía un severo trastorno de bipolaridad. Sí, unos días es como el sol radiante amigo de las nubes y que ilumida cálidamente mi rostro, otros días es una tormenta que arrasa con todo y causa los más profundos dolores. Así varía de un día a otro, un día ángel, otro demonio; incluso llega al punto de ser humano.
Y sonrío al recordar mi ángel humano. Aquel ángel que me trataba como una hermana, una amiga, una compañera... Mi hermana ángel, con sus secuaces que se introdujeron poco a poco en mi vida y crearon una legión de ángeles hermanos. Pero ninguno como mi ángel hermano y mi ángel hermana. Ellos, mis cómplices de las más tiernas pilatunas, uno lejos, la otra cerca; cimpre tan radiantes y alegres como siempre. Sus sonrisas llenan el aire, son música para mis oídos adoloridos de escuchar tanto llanto. Mis ángeles de la alegría y la diversión. Recuerdo como juntos construimos una barrera para el dolor y la tristeza, con risas, sonrisas y recuerdos que hacían que nuestros corazones latieran de la alegría.
Pero en tantas batallas, entre una noche de encuentros y otra de rituales nos vencieron. Por que ese demonio nunca descansaba, nunca paraba de ponernos obstáculos y hacernos sufrir. Un cuarteto de entes que luchan sin descanso contra un enemigo mucho más fuerte. Y nos venció, nos sublevó y nos hizo sufrir.
Me sumí en una medianoche eterna, una oscuridad del averno, donde la luna no salía y el sol nunca volvía. Simplemente el vacío se apoderó de mí. Buscaba desesperadamente una salida, una manera de escapar de aquella tristeza y soledad en la que estaba encerrada. Me rendí y lloré profundamente al recordar como el sol abrasaba tiernamente mis mejillas frias por el deshielo del tiempo. Y un día, sin más pensarlo, el sol brilló. ¿Cómo podía el sol brillar en esa medianoche? ¿En medianoche? Un sol de medianoche era una utopía en un eufemismo nórdico, incluso en cualquier tipo de mundo imaginario era una utopía, entonces ¿Por qué el sol brillaba en mi oscuro mundo donde las utopías no existían?. Y ese sol no sólo abrasó mi rostro, abrazó mi cuerpo y mi alma en sus cálidos brazos, sus rayos alcanzaron los más fríos recónditos de mi alma y tornaron lo que antes denominaba tristeza y soledad en alegría y paz. Porque no era un simple sol, era Mi sol, más que mi sol, mi ángel del sol.
Un ángel que me tomó suavemente y me llevó por los más oscuros caminos, sin permitirme caer o fallar, un ángel que ha luchado conmigo y mis otros ángeles para vencer a aquel demonio que nos acecha, que en ocasiones es león, en otras gatito, a veces muta en dragón y otras veces en amigo.
Así mi ángel de sol, mi ángel de amor, mi ángel protector y guardían me salvó y me llevó a la orilla de un mar de lágrimas en el que me estaba ahogando.

Hoy sigo caminando hacia la villa, por el bosque que está en los linderos de la ciudad a encontarme con unos ángeles convertidos en humanos que hoy caminan a mi lado y han degradado su condición de luchadores aguerridos alados para poder compartir conmigo. Aunque tengo el presentimiento de que mi último ángel tomó forma de humano pero no lo es.
Aún me salva cada día de las fauces del dragón.

martes, 9 de marzo de 2010

Unidos en sueños

Y en una parte del mundo una druida lloró. Sí, una druida. Aunque suene raro, o loco (¡pero deberíamos tener en cuenta que en este mundo ya nada es lógico!) una mujer druida lloró.
Y no lloró precisamente por un árbol talado, por un bosque destruido, por un hada muerta o por emoción de terminar su labor. No, su dolor era más grande que cualquiera que antes hubiera sentido. El amor de la druida estaba lejos de ella.
En la guerra, batallando para defender su pueblo, un aguerrido caballero entregaba su vida y defendía la de sus compañeros. Y por la noche era curado por la magia de los bosques.
Cada noche desde su partida la druida hacía un hechizo, uno muy poderoso, el cuál le permitía que mientras dormía su amado lo curara y lo sintiera cerca. Se encontraban en los sueños gracias a la sabiduría de los pueblos y los juglares que la transmitieron.
Así su ejército tenía a la otra mañana un dirigente totalmente renovado y que los impregnaba de su osadía y fortaleza. Se murmuraba en el campamento que un brujo lo visitaba cada noche a aplicarle ungüentos, otros decían que era un dios o semidios que los estaba guiando, se decía que los dioses estaban de su lado e incluso lo pensaron que él mismo se curaba en las noches y así lograba su vitalidad. Pero la realidad era que su amada druida lo protegía y acompañaba cada noche, llenándolo de amor y salud...
Pero una noche el guerrero no durmió.
La batalla cada vez era más cruda, los enemigos estaban obteniendo refuerzos y el ejército asediador no recibía apoyo. Una noche decidieron atacar de noche, una noche que definiría el curso de la guerra y le daría la estocada final al trabajo de tanto tiempo en un campo ajeno al propio.
Esa noche las espadas resonaron las unas con las otras, se chocaron los cuerpos, hubo sangre, muerte y dolor. Familias desalojadas, casas incendiadas, un factor sorpresa que sirvió pero no de mucho.
Y casi al final de la noche, a la hora en que las brujas toman el té, un mercenario atacó al mas aguerrido de los caballeros de ejército que invadía la ciudad. Fue una estocada limpia y sin mucha sangre, fue certera y dolorosa. Su costado estaba gravemente herido y no se veían muchas posibilidades de que sobreviviera.
El joven pedía a gritos que lo dejaran solo, que le permitieran dormir y descansar, que él estaría bien; pero los humanos como buenos necios que somos, no lo dejaron solo.
Y en el crepúsculo, casi en la mañana, con los primeros albores el joven guerrero con lágrimas en los ojos, y un centenar de versos en los labios durmió para siempre.

Y en la lejanía la druida lloró porque su amor no aparecía. No pudo volver a conjurar por todo el día y el caos se apoderó de su mente. Muchas imágenes pasaron por su mente, unas cuantas ideas descabelladas y otra mucho más realistas. Hasta que en la noche pudo repetir su hechizo y dormir.
Se lo encontró, impaciente, frío, solitario, con un poco de sangre al lado de su brazo izquierdo y lágrimas en los ojos. La tomó suavemente y la abrazó. Lo sintió frío y triste, alejado pero suyo; lo comprendió inmediatamente: su amor había muerto y estaba en un sueño eterno.
Se desplomó y despertó abruptamente. Estaba asombrada, en un sopor eterno, no podía dejar de llorar e imaginar como podía volver a su lado y dejar de estar juntos en un mundo ínfimo.
Buscó en sus libros, investigó, intentó mil y una cosas pero no servían: Contra la muerte no hay nada más que hacer.
Pero recordó las enseñanzas de su maestro y comprendió que había más de una salida para cada problema, y el de este problema era poco ortodoxo.
Tomó unas flores y una espada, también dos libros, se recostó en su árbol y bebió de un vaso. Minutos después su amor la estaba abrazando.

Unos campesinos de la villa encontraron la druida misteriosa al lado de un árbol, con un vaso en la mano y escazamente alimentada. Estaba muerta, tomó cicuta y tal vez su conjuro no funcionó. Su velorio se hizo junto al de un mártir de la guerra, el cual fué adorado como líder de la guerra.

Y en un sueño eterno dos almas separadas se encontraron. Eternamente unidos en sueños. Amándose como siempre.

Visiones

Te miro en la lejanía,
te siento muy cerca
¿Será acaso que mi corazón ilusionado,
espera tu llegada a mi lado abandonado?

Te veo con una sonrisa,
con unos ojos brillantes.
Siento tu loca risa,
mostrando tus dientes radiantes

¡Ay amor mío ¿Por qué estás lejos?!
¿Por qué la vida se empeña en alejarnos?
Si juntos es que vivimos contentos
¡Si es que sólo queremos amarnos!

Maldita distancia, maldito tiempo,
Estando tan cerca sin poder vernos.

lunes, 8 de marzo de 2010

Marionetas

Miro pensativa por la ventana la trémula luz de la luna en invierno.
Miro cómo entre lluvias se ha ido mi vida lentamente.
Veo pasar cada uno de los momentos vividos.
Los alegres, los no tanto y los tristes.
Luego lo veo a él.

Una lágrima se acurruca en las cuencas de mis ojos.
Evito que salga.
Siento cómo me golpea mi pasado,
Cómo mis errores me ponen de nuevo obstáculos en el camino,
Un escabroso camino.
Caídas, golpes, enfermedades, perderse...
Todo hace parte de un camino que habremos de recorrer,
unos inteligentemente, otros a tientas...
Y siento como en esta parte del camino,
una mano se une a la mía para acompañarme a andar.

Solía ser una marioneta,
atada a los devenires del destino,
guiada por una mano para mí invisible,
una mano que me usaba y me desechaba
¡Todos somos marionetas, raídas por el uso!
¡Ignoramos nuestra condidión de manejados,
o tratamos de esconderla del resto del mundo!
Me siento nuevamente usada, maltratada...

Y en un espectáculo más,
en un visitado castillejo,
mi titiritera me toma bruscamente
y me muestra al público como un trofeo.
Usa su áspera voz para narrar mi historia,
una historia ajena a la suya,
un corazón totalmente distinto y alejado.
En ese momento, a la lejanía lo veo,
Otro títire diestramente manejado,
pero este no tenia cuerdas o mano que lo llevara,
simplemente caminaba animado por el mundo.

Pero era una marioneta, de eso estoy segura.
La muñeca y el arlequín se encontraron,
sus caminos diestramente se cruzaron,
Y encontraron que sus metal al final
serían los mismos: ser libres.
Con valentía las cuerdas cortamos,
Y de su pena lo liberamos
y aunque aún parezcamos marionetas
no somos más que libres muñecos.
Somos músicos que dejan sus notas en el viento,
caminantes que dejan huellas en el pavimento,
caminamos juntos por acantilados
y caminos escabrosos. No nos importa.
Estamos juntos.


Miro de nuevo por la ventana,
veo pasar mi vida lentamente,
veo los momentos felices, los no tanto y los tristes
Siento su cálido abrazo y lo comprendo:
Mas que marionetas emancipadas,
más que títeres liberados del titiritero,
somos fichas de un rompecabezas,
las piezas distintas que encajaron perfectas.

domingo, 7 de marzo de 2010

Lucharé!

"Me regala aleteos insensatos
en el aire sutil de la mañana,
baila en la vereda, a salvo de prejuicios,
me da luz en las horas apagadas de la tarde
que amanece, al conjuro de sus manos,
al ritmo de su voz y de sus pies,
en las calles que teje para dos"
Eduardo Dayan- Palomas son tus ojos

Es real
En tus ojos puedo volar
y en ellos por fin encontrar
la tierra do ya no hay mal

En tus manos puedo anidar
Y en tus brazos un poco descansar
Porque mejor refugio no podré hallar
Que aquellos brazos que siempre quiero abrazar

Es poco lo que puedo decir sobre lo que a mi corazón llena, es aquella persona que me toma como a una muñeca y me lleva lejos de aquí, es un viento enloquecido que me eleva por los cielos y me deja a merced de las nubes.
Estar con él es lo único que me hace feliz, es lo que me llena y me hace respirar. Por él lucharé.
Lucharé contra mis fantasmas y mis miedos más profundos, cambiaré aquellas cosas que veo que no le gustan y lucharé contra mis instintos e impulsos, contra aquello que me ha alejado de los que más he amado y querido.
Por que lo que siento por él es mucho más fuerte que el resto de sentimientos que jamás he sentido.