Su mirada la hipnotizaba.
¿Qué tenía el cafe de sus ojos que la hacía perder el sueño y recuperar los anhelos?
Su sonrisa la hipnotizaba.
El blanco perla de sus dientes y sus labios, tan provocativos, tan hermosos, la llevaban a otro mundo.
Su voz la hipnotizaba.
Ese tono, la melodía, las armonías... Su todo. Esa voz era su delirio y su fuente de inspiración para miles de fantasías donde la sentía suavecita, en su oído.
Su cabello la hipnotizaba.
Y se perdía en cada curva, cada recodo, cada ángulo. Y le encantaba tocarlo, acariciar su suavidad y llenarse de su aroma.
Sus caderas la hipnotizaban.
Ese bamboleo al andar, ese contoneo entre sexy y desprevenido que la hacía querer morder cae centímetro de su piel.
Él la hipnotizaba.
Porque la perfección no es "no tener errores", es aquel estado donde no quieres agregar ni quitar nada, y el conjunto es perfecto y quieres tenerlo para ti.
Él era perfecto para ella, y por eso lo amaba.