Estaba
asustada, sus pequeños pies se tocaban entre si para aliviar los nervios y la
ansiedad. ¿por qué alguien tan grande le iba a hablar de algo que no fueran sus
peluches? ¿Por qué su primo se la llevaba a un lugar escondido mientras todos
miraban estupefactos el trabajo que se estaba haciendo en l acasa?
Tenía miedo,
miedo de algo que no conocía pero era profundo y visceral, un temor
injustificado, aún cuando tan pequeña no supiera el significado de tales
palabras ni que su miedo significaba que debía huir.
Se quedó.
Y esperó a
que llegaran, porque era una niña obediente y juiciosa, no quería ser castigada
y quería recibir un premio, como aquel que le dieron en el colegio en los
primeros días por hacer muy bien las planas.
Cuando su
primo llegó, resopló, dando a entender que estaba agotado y necesitaba
descansar, que estar allí era un sacrificio, que ella debería sentirse contenta
porque él la premiaba con su presencia. Ella supo que debía correr, pero
entonces su cuerpo estaba paralizado, sin poder moverse un solo centímetro para
huir del dolor que se cernía sobre ella. Fue entonces cuando su pequeña mano
tocó partes del cuerpo humano que no debía tocar aún, cuando fue tocada allí
donde no quería ser tocada, cuando fue acariciada en maneras que no comprendía
por qué pero le molestaban.
Poco a poco
las caricias se volvieron más fuertes y entonces un pequeño pedacito de tela
con corazones y listones rosa retozaba en el piso mientras ella lloraba de
dolor, estaba recibiendo algo con lo que su pequeña fisionomía no podía, dolía
mucho que u primo la quisiera y no quería mas esto. Trató de gritar pero su voz
se congeló en una mueca de asco y dolor.
Ese día la
pequeña no quiso sentarse con su familia a comer, alegó estar
cansada.
