Se fue.
Sin decir adiós.
Se fue y me dejó con el corazón en la mano y millones de lágrimas corriendo por mi rostro.
Se fue y la muerte vino a reclamar el beso olvidado.
Me dejó llorando, sola, sin alguien que me consolara.
La soledad en ocasiones es cruel y duele, duele en la piel.
A menos que sea solicitada, la soledad es fría, la soledad es triste.
La soledad es mi muerte.
Sin nadie que me conforte, sin nadie que me ayude.
Yo sólo reclamo su beso y él partió sin dármelo.
Lamo mis heridas mientras espero su regreso.
Unos cuantos kilómetros no son mucho.
No. Son la muerte.
Y mientras me hundo en mi nido de muerte el recuerdo frío que dejo es mi compañía.
Me abrazo a los últimos momento de él aquí,
Me abrazo a su recuerdo.
Me abrazo a la muerte.
Se fue.
Sin decir adiós.
Se fue y el mar de lágrimas reclama su lugar.