Hay fallas, eso lo sé, pero no puedo evitarlo, no quiero dejarte de amar.
En la oscuridad de la noche contigo me quiero encontrar. Bajo el cobijo de nuestra luna, amarnos sin cesar.
¿Para qué esperar si el tiempo es sólo una medida más?... Este sentimiento no tiene medidas, eso lo puedo asegurar.
No quiero descifrar tu mente, ni develar los misterios: Quiero sentirte verdadero, amarte sin condiciones. No necesito ataduras, no necesito compromisos; busco el sentimiento y nada más, busco poder amarte sin parar.
Compréndelo amigo músico: ni tus notas lo pueden expresar; esto es más grande que cualquier composición y ni nuestras mentes lo podrán abarcar. Limitémonos a sentir y amar, limitémonos a buscar una manera más de satisfacer esta hermosa necesidad.
Caminaba callado, con la pequeña carpeta bajo el brazo. Silvaba bajo, unas notas suaves que revelaban soledad, ansiedad...
Aceleró el ritmo de su caminar cuando pasó por el callejón de piedra: nunca le había gustado ese lugar, era demasiado lóbrego, demasiado oscuro y misterioso para él.
Saltó varios charquitos de agua, aún se sentía el rumor de lluvia en el viento y el frío que dejó la brisa a su paso se le caló en los huesos. Faltaban pocas cuadras para llegar a su destino: ¡Maldita la hora en que aceptó ir!
Saltó otro chaco de agua y dió un paso en falso. Cayó cuán largo era desperdigando el valioso contenido de su pequeña carpeta y todos sus papeles, que segundos antes estaban celosamente guardados, nadaban en un charquito y pocos se conservaban secos. Se sentó con rabia y revisó con cuidado cada una de sus partituras. Tomó las más importantes y garabateó en sus manos lo que antes solía estar en el papel que se deshacía en sus helados dedos.
Se levantó, molesto y caminó rapidamente. Se sentía mal, se sentía con ganas de llorar pero contuvo esos deseos.
Paró al llegar a una puerta de madera vieja. El picaporte estaba sin llave y penetró en la casa. Pocamente iluminada, con dos velas indicando el camino hacia las escaleras, estaba la pequeña sala donde se veían un caballete y unos cuantos lápices. Subió lentamente, midiendo sus pasos y evitando hacer ruido.
Al final del pasillo, la puerta azul semiabierta le daba la bienvenida y dejaba ver una chimenea con una pequeña hoguera encendida en su interior. Sonrió para sus adentros y caminó mas lento de lo que ya lo había hecho: no podía permitir que "la bestia" se levantara y supiera de su presencia: Sería fatal.
Movió un poco la puerta y alcanzó a verla: Allí estaba ella: Dormitaba y su respiración era tan suave que le apaciguó los fuegos que hacía rato quemaban su interior y encendió uno, pequeño y hermoso que invadió todo su cuerpo de una ternura incontenible. Por mas que maldiciese y se dijera mil veces que no quería volver a ese lugar, ir a escondidas y tener que hacer el silencio mas sepulcral para poder estar en paz con su amada siempre se vería recompenzado con esto: La alegría de tenerla cerca y poder besarle sus labios, aquellos que antes se le hacían tan lejanos.
Entró a la habitación, buscó unos cuantos papeles para poder pasar lo que minutos antes había escrito en sus manos y al terminar se recostó bajo las suves cobijas con la pequeña muchacha que le abría su lecho para dormir. La besó y fué feliz, una noche como pocas, que esperaba que fueran muchas, cobijado al lado de la mujer que anhelaba y disfrutando de su olor.
Y así se fué la noche, la suave y dulce noche, entre besos y caricias, palabras con amor dichas y sueños compartidos.
-Te amo- Fue lo último que dijo antes de partir, cuando los primeros albores dieron paso al nuevo día. Pasó parsimoniosamente la casa, salió a la calle y caminó.
Caminaba callado, con la pequeña carpeta bajo el brazo. Silvaba bajo, una canción alegre para comenzar el día. Era feliz: Ya la había visto.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
¿Qué piensas?