Y en una parte del mundo una druida lloró. Sí, una druida. Aunque suene raro, o loco (¡pero deberíamos tener en cuenta que en este mundo ya nada es lógico!) una mujer druida lloró.
Y no lloró precisamente por un árbol talado, por un bosque destruido, por un hada muerta o por emoción de terminar su labor. No, su dolor era más grande que cualquiera que antes hubiera sentido. El amor de la druida estaba lejos de ella.
En la guerra, batallando para defender su pueblo, un aguerrido caballero entregaba su vida y defendía la de sus compañeros. Y por la noche era curado por la magia de los bosques.
Cada noche desde su partida la druida hacía un hechizo, uno muy poderoso, el cuál le permitía que mientras dormía su amado lo curara y lo sintiera cerca. Se encontraban en los sueños gracias a la sabiduría de los pueblos y los juglares que la transmitieron.
Así su ejército tenía a la otra mañana un dirigente totalmente renovado y que los impregnaba de su osadía y fortaleza. Se murmuraba en el campamento que un brujo lo visitaba cada noche a aplicarle ungüentos, otros decían que era un dios o semidios que los estaba guiando, se decía que los dioses estaban de su lado e incluso lo pensaron que él mismo se curaba en las noches y así lograba su vitalidad. Pero la realidad era que su amada druida lo protegía y acompañaba cada noche, llenándolo de amor y salud...
Pero una noche el guerrero no durmió.
La batalla cada vez era más cruda, los enemigos estaban obteniendo refuerzos y el ejército asediador no recibía apoyo. Una noche decidieron atacar de noche, una noche que definiría el curso de la guerra y le daría la estocada final al trabajo de tanto tiempo en un campo ajeno al propio.
Esa noche las espadas resonaron las unas con las otras, se chocaron los cuerpos, hubo sangre, muerte y dolor. Familias desalojadas, casas incendiadas, un factor sorpresa que sirvió pero no de mucho.
Y casi al final de la noche, a la hora en que las brujas toman el té, un mercenario atacó al mas aguerrido de los caballeros de ejército que invadía la ciudad. Fue una estocada limpia y sin mucha sangre, fue certera y dolorosa. Su costado estaba gravemente herido y no se veían muchas posibilidades de que sobreviviera.
El joven pedía a gritos que lo dejaran solo, que le permitieran dormir y descansar, que él estaría bien; pero los humanos como buenos necios que somos, no lo dejaron solo.
Y en el crepúsculo, casi en la mañana, con los primeros albores el joven guerrero con lágrimas en los ojos, y un centenar de versos en los labios durmió para siempre.
Y en la lejanía la druida lloró porque su amor no aparecía. No pudo volver a conjurar por todo el día y el caos se apoderó de su mente. Muchas imágenes pasaron por su mente, unas cuantas ideas descabelladas y otra mucho más realistas. Hasta que en la noche pudo repetir su hechizo y dormir.
Se lo encontró, impaciente, frío, solitario, con un poco de sangre al lado de su brazo izquierdo y lágrimas en los ojos. La tomó suavemente y la abrazó. Lo sintió frío y triste, alejado pero suyo; lo comprendió inmediatamente: su amor había muerto y estaba en un sueño eterno.
Se desplomó y despertó abruptamente. Estaba asombrada, en un sopor eterno, no podía dejar de llorar e imaginar como podía volver a su lado y dejar de estar juntos en un mundo ínfimo.
Buscó en sus libros, investigó, intentó mil y una cosas pero no servían: Contra la muerte no hay nada más que hacer.
Pero recordó las enseñanzas de su maestro y comprendió que había más de una salida para cada problema, y el de este problema era poco ortodoxo.
Tomó unas flores y una espada, también dos libros, se recostó en su árbol y bebió de un vaso. Minutos después su amor la estaba abrazando.
Unos campesinos de la villa encontraron la druida misteriosa al lado de un árbol, con un vaso en la mano y escazamente alimentada. Estaba muerta, tomó cicuta y tal vez su conjuro no funcionó. Su velorio se hizo junto al de un mártir de la guerra, el cual fué adorado como líder de la guerra.
Y en un sueño eterno dos almas separadas se encontraron. Eternamente unidos en sueños. Amándose como siempre.

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