Sólo él lo entenderá. Sólo él necesito que lo entienda. Un día perfecto, de muchos que nos esperan.
Cielo azul, tarde calurosa.
Los velos de la cortina sonaban contra las paredes y el sudor llegaba como una premonición de lo que iba a pasar.
Los sonidos de la calle se mezclaban con tu voz formando una sinfonía que nos llevaba a la locura y nos devolvía a la realidad.
Silencio, cordura.
No sabíamos que hacer, nuestro cuerpo sólo respondía a los instintos de la madre naturaleza.
Tú y yo.
La perfección llegó cuando tus ojos chocaron con los míos y me hundí en un mar de ilusiones y sueños, en un mar de palabras, un mar de amores.
Cada segundo fue perfecto, casi planeado, como si los dioses quiseran que fuera inolvidable. Y nunca lo olvidaré, porque volverémos a la rutina de los días perfectos cada vez que tu mano roce la mía.
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