Estaba todo en silencio mientras la multitud la escuchaba. Ojos abiertos, almas sorprendidas por semejante proeza.
Había huido de la hoguera, escapado de la muerte y estaba allí, hermosa, paciente, embelesándolos con sus melodiosas palabras.
"Es imposible" decían unos; "¿Cómo puede hacerlo?" comentaban otros en la esquina. Mientras tanto ella pasaba por la plaza, perfectamente vestida, sin una mancha de polvo o lodo en su hermoso traje y robándose las miradas de todos los transeúntes.
Las mujeres la odiaban, los hombres la deseaban… Ella simplemente los ignoraba, seguía su vida sin importarle lo que dijeran de ella. ¿Por qué? Porque su alegría se había esfumado hacía mucho tiempo y había huido en un barco hacia América.
Estaba esperando, esperando aquél día en que lo volviera a ver y abrazarlo, besarlo y ser feliz de nuevo.
Luego de su partida no era la misma, sólo lloraba en las noches y vestía de negro o colores oscuros. Por extraño que parezca, le llamaban “bruja” y muchas veces le maltrataban por serlo.
Y el día en que todo el pueblo se armó contra ella y la tiró a la hoguera se armó de valentía y escapó de las llamas, para que supieran que a las brujas nadie les puede hacer daño sin sufrir.
Ahora un pueblo ha desaparecido, embelesado, enamorado y perdido en las palabras de la mujer de los ojos tristes a la que le decían “bruja”.
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