Tiene dueño. Y lo quiero mucho.
Espero que aquel que día a día se inventa nuestra realidad se alegre un poco al ver estas líneas improvisadas y toscas comparadas con su arte. Lastimosamente no poseo su lirismo, pero me comformo con arrancarle una sonrisa. Poeta de ojos sinceros, ojalá recuerdes en la noche estas palabras y me veas en algún momento de tus sueños.
Escribía día y noche.
Escribía para desterrar de su alma los malos pensamientos y hacer aflorar sus sentimientos. Escribía para diluirse junto con la tinta y fundirse eternamente con las palabras que ordenaba. Escribía para encontrar una razón y una respuesta. Escribía para encontrarse.
Él construía su mundo con palabras, lo que amaba y lo que odiaba, las injusticias y las justicias. encontraba a diario el significado más acertado de amor cuando se enamoraba de un personaje y lloraba cuando una doncella moría de amor.
Escribía tanto que su vida era poesía, exhalaba versos y fantasía y su rostro traslucidaba aquella alegría.
Y un día la encontró, aquella mujer de ojos claros y cabellos como el fuego que se movía como el agua pura de un riachuelo que corre suave por el valle. Pequeña, delgada y hermosa, suave como la seda y digna de ser adorada. Así era aquella mujer que había encontrado en un callejón vendiendo unas manzanas maduras.
Desde ese día le sigui+o, la buscó y le amó en silencio. Le excrbió día a día, ya no escribía para encontrar la respuesta sino para alabar esa beldad, no escribía para encontrase sino para encontrale.
Pero sólo él podía verle, sólo él podía amarle. Él y sólo el podía encontrarle en el mismo callejón por las mañanas, tan fresca como el rocío y verle por horas sin cansarse de hacerlo.
Sólo él podía hablarle en silencio, por medio de las palabras que su rostro escondían. Sólo él podía amarle a una mujer de palabras, una mujer que se iba al cerrar la página y regresaba cuando el relato comenzaba.
Y le llamaban el loco, el poeta loco. El que se enamoró de su poema, de aquella belleza escondida entre las letras, el que veía en el muelle a su bella doncella y caminaba tras de ella hasta verla llegar a una casa hecha de páginas de un poema sin terminar.
Y así cada noche, la escribía en un papel, para que su amor nunca se fuera. La describía noche y día para estar siempre junto a ella.
Escribía noche y día sólo para su doncella, escribía cada vez que podía para verse con su bella, escribía para entre letras encontrarse con su amada.
Escribía y escribía.


La historia es de Borges, y va más o menos así:
ResponderBorrarSe prepara un duelo entre dos bardos. El duelo deberá durar un día entero y cada uno probará que es digno de la victoria durante doce horas.
El primero de ellos toma la lira y desde el comienzo del día hasta el de la noche cantará la historia de su pueblo y la del mundo, alabará la belleza, compondrá preciosas metáforas. Llamará "baile de los cuerpos" a la batalla y "halcón de la guerra" al águila. Todos están de acuerdo en que su poesía es grandiosa.
Cuando llega el turno del segundo, éste se levanta, deja la lira sobre el piso y permanece en silencio.
El otro, arrodillado en tierra, admite su derrota.
La historia es de Borges, y lo dije. Quién tenga oídos para oír, que oiga.