Pero tan lejos, ¡Oh, es tan dolorosa la lejanía!
¿Cómo logras mantenerme enredada mientras estamos a tan grandes distancias?
Enredados, entre pensamientos que nos confunden y sentimientos que nos atacan. Amarrados, el uno junto al otro, inexorablemente condenados a morir unidos por sogas que no maltratan.
Aún recuerdo esa bella libertad en la que podíamos correr y caminar, sin ataduras, sin dolores. Esa hermosa pero amarga libertad.
Y hoy que estamos enredados no sé si arrepentirme de haber entrelazado nuestras almas o celebrar este hermoso error.
Y así, amarrados, entrelazados y enredados estaremos hasta que tu corazón lo decida.
Corría escapando de la realidad, escapando de aquello que no podía olvidar, de aquello que la perseguía día y noche. Y error tras error cometía, paso tras paso caía y su andar mas pesado se hacía.
Pero el dolor que llevaba a cuestas no la dejaba caminar, las lágrimas aún no derramadas la hacían doblar sus pies hasta caer arrodillada.
No pod+ia continuar, nunca lo había logrado. Siempre que quería desahogarse miraba por la ventana y se consolaba con las luces del mar, con esa hermosa playa que la acompañaba día y noche, con ese sonido arrullador que ocultaba todo dolor, con esa hermosura que sus ojos llenaba y la hacía vibrar.
Pero hoy, tan lejos de su hogar, tan lejos de su lugar, no sabía como escapar del dolor. Lo alimentaba, le daba de comer y lo acicalaba. Y noche tras noche caminaba con su pesado fargo de pesares y tristezas, con su dolorosa carga que la cansaba.
Pero un día se cansó, decidió tirar su dolor a un lado y descansar. Pero nunca funcionaba, nunca encontraba la manera de dejarlo.
Hasta que lo conoció, y a su lado compartió la pesada carga que llevaba, a su lado vivió aquello que tanto anhelaba y su fargo mas liviano se volvió. Porque él, al tenderle la mano le alejó la soledad y el dolor, porque él con sólo una sonrisa la animó.
Y ahora, los dos caminan enredados.

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